Introducción
La
muerte es y será una gran incógnita para el ser humano. Es aquel límite del que
el hombre tiene conciencia, tanto así que, para los antropólogos, dentro de la
evolución de los homínidos, estos se consideran humanos, junto con otras
cualidades, desde el momento en que se encuentran restos que indican algún tipo
de ritual o preparación especial para el que fallece. La muerte se nos presenta
como biológica, pero también como cultural, es empírica, pero también simbólica.
Somos los únicos seres vivos en la Tierra que reflexionamos acerca de la
muerte, y especialmente de nuestra propia muerte. Sabemos que nos estamos
muriendo y que otros también se van a morir. Ningún animal tiene la capacidad
de hacer consciente su propia muerte, sólo muere, no existe la muerte para los
animales, sino que es el instinto de supervivencia. Una persona está consciente
de que su caminar es un avanzar hacia su fin, y quiere darle por esta misma
razón un sentido a su existir, y trascender en su colectivo. No es en cualquier
sentido, sino que es un sentido positivo a su vivir, basado en los principios
valores y virtudes. Es por esta razón, en que el debate de la eutanasia recobra
vigencia al entrar en tramitación legislativa una propuesta para su
despenalización (1), este tema es una convida a meditar respecto de esta acción
en la cual las posturas pueden ser disímiles y cada uno de nosotros debe
reflexionar en ello. El concepto de morir con dignidad, o del derecho a una
muerte digna, ha despertado extensas discusiones y existen visiones muy
diferentes. Para algunos es sinónimo del derecho a disponer de la propia vida
basados en el principio de autonomía, mientras para otros se trata de la
posibilidad de morir sin dolor, con serenidad, acompañado, dando gracias, y
reconciliados consigo mismo y con los demás. En otras palabras, morir con
dignidad es un acto humano que se asume de acuerdo a la visión metafísica y
religiosa de cada uno. Ello implica un pensar en la Vida y la Muerte, especialmente
en Calidad de Vida, y por consiguiente en una Vida digna y por consecuencia en
una Muerte digna. (2)
Desarrollo
2.1 Concepciones
de eutanasia
La
idea que la muerte puede ofrecer un alivio para una vida condenada al
sufrimiento ya aparece en el mito del Centauro Quirón, quien gravemente herido,
y sin poder curar ni morir, solicita a Apolo que, por gracia, le otorgue la
muerte para terminar con su tormento. La palabra eutanasia (del griego eu,
bien, y tanatos, muerte) ha tenido diversos significados y apreciaciones
durante la historia. Según Suetonio, el emperador César Augusto la habría
utilizado para indicar su anhelo de tener una muerte natural rápida y sin
dolor. La ambigüedad en el uso de la palabra eutanasia suele dificultar la
discusión del tema. En ocasiones, se ha denominado eutanasia a actos que, en
rigor, corresponderían más bien a acciones eugenésicas, suicidas u homicidas.
Este fue el caso en la Alemania nazi, en que se dio este nombre a la
"muerte por piedad (Gnadentodt)" aplicada a aquellos individuos cuyas
vidas se estimaban indignas de ser vividas. (3)
La
Real Academia de la Lengua Española define la eutanasia como "intervencion
deliberada, para poner fin a la vida de un paciente sin perspectiva de
cura"; o, como "muerte sin sufrimiento físico'"(4). Por otra
parte, la Declaración “Iura et Bona” de la Iglesia Católica sobre la eutanasia
la define como "una acción o una omisión que, por su naturaleza, o en la
intención, causa la muerte, con el fin de eliminar cualquier dolor".
Se ha
clasificado al término categorías. La eutanasia directa de la indirecta, siendo
esta última la supresión del dolor con fármacos que pueden contribuir a acortar
la vida (por ejemplo, narcóticos). Otros autores diferencian la eutanasia
activa de la pasiva. Es activa "cuando la muerte se provoca por medio de
una acción, como pudiera ser la administración de dosis mortales de
estupefacientes o de una substancia letal" y pasiva, cuando la muerte es
consecuencia de la omisión, o de la interrupción, de intervenciones cuyo
objetivo es simplemente el de ofrecer a la vida su soporte indispensable
(nutrición, hidratación, etc.). Aunque no es similar esta
definición se confunde con la de “Limitación del esfuerzo terapéutico” o mejor
dicho “Adecuación del Esfuerzo terapéutico” que consiste en no aplicar medidas
desproporcionadas para propósitos terapéuticos en pacientes con mal pronóstico.
Contempla tanto la omisión como el retiro de tratamientos. Más específicamente,
la eutanasia activa se ha definido como la acción que tiene por objeto acabar
deliberadamente con la vida de una persona que padece una enfermedad
irreversible, sufrimientos intolerables y que lo pide de forma autónoma y
reiterada.
El uso
actual del término requiere las siguientes condiciones, que deben estar
presentes, para que se denomine eutanasia:
a)
presencia en determinada persona de una enfermedad incurable, que le provoca un
dolor o sufrimiento que ella, u otro, considera intolerable.
b) ejecución
de un acto humano deliberado, cuyo objeto es acabar con la vida de otra persona.
c) que
la motivación esté en la compasión por el otro, o en el valor que se le
adjudica a esa vida en términos de costo-beneficio, no justificando el que ella
sea vivida, y
d) voluntad
expresa del sujeto o de su representante.
El
paciente debe estar cursando con un sufrimiento físico, emocional o espiritual
incontrolable, siendo el objetivo de la eutanasia aliviar este sufrimiento.
Ejemplos de estos estados terminales pueden ser; cáncer en etapa de cuidados
paliativos, demencia avanzada, insuficiencias severas de órganos vitales,
disnea severa refractaria a tratamiento, entre otros. Se ha definido como
enfermo terminal a quien padece una condición patológica grave, de carácter
progresivo e irreversible que no tiene opciones de tratamiento al momento del
diagnóstico. El enfermo terminal tiene un pronóstico fatal en un plazo breve,
descrito como menor a 6 meses. Esto debe ser determinado en forma precisa por
un médico experto.
2.2 Consideraciones éticas
En la
antigüedad griega y romana, eutanasia designaba más bien un deber del médico,
consistente en proporcionarle al enfermo una 'buena muerte' por medio de los
cuidados adecuados. En ese mundo greco-romano era común la práctica de eliminar
niños malformados, y el suicidio y aborto eran aceptados en la mayoría de las
ciudades griegas. También en algunas épocas y culturas, los ancianos eran
abandonados a su propia suerte.
En el
siglo V a.C. la Escuela Hipocrática adoptó una posición radicalmente diferente
a la que prevalecía en su época, condenando explícitamente el aborto y la
eutanasia. Es así como, el Juramento Hipocrático señala: "No daré a nadie,
aunque me lo pida, ningún fármaco mortal, ni haré semejante sugerencia. Igualmente,
no proporcionaré a mujer alguna un pesarlo abortivo. En pureza y santidad
mantendré mi vida y mi arte". En los siglos posteriores a Hipócrates, esta
normativa médico-deontológica fue asimilada en diversas culturas. Así, la
implícita o explícita prohibición al médico de practicar la eutanasia aparece
también en diversos códigos contemporáneos de Ética Médica. La Asociación
Médica Mundial, de la que el Colegio Médico de Chile es miembro, en 1987,
establece que la eutanasia es contraria a la ética; en la Asamblea Mundial de
1992 expresa su oposición al suicidio médicamente asistido; y, en su resolución
de 2002, y reafirmada en la 194ª Sesión del Consejo, Bali, Indonesia, de Abril
2013 reafirma "su firme convicción de que la eutanasia entra en conflicto
con los principios básicos de la ética médica"(5). En Chile, el artículo
9° del Código de Ética del Colegio Médico, señala que: "El médico no podrá
realizar acciones cuyo objetivo directo sea poner fin a la vida de un paciente
bajo consideración alguna", quedando claro el rechazo a la eutanasia. El
Código Penal chileno, en su título VII, castiga "al que mate a otro"
con penas aflictivas. Adicionalmente, en el artículo 393, del mismo título,
castiga a quien "con conocimiento de causa prestare a otro auxilio para
que se suicide".
Quienes
favorecen la eutanasia argumentan que, con ella, se estaría cumpliendo uno de
los objetivos de la medicina que es aliviar el dolor o el sufrimiento y sería,
por consiguiente, un acto de beneficencia. Sin embargo, los detractores
argumentan que es difícil sostener que dar término intencionado a la vida de un
enfermo, sea un acto que lo beneficie; más bien, parece ser una acción que
causa maleficio, ya que no existe un daño mayor que se pueda hacer a una
persona que quitarle la vida. En efecto, el valor de la vida humana precede al
de la beneficencia, en tanto que la vida es una condición necesaria para poder
ejercer aquella: "la vida es el bien fundante, sin ella no podemos gozar
de ningún otro bien".(3)
En el
Hastings Center, centro relevante de la discusión bioética en los EE.UU., se
desarrolló un informe, acorde con el cual los fines de la medicina serían los
siguientes:
a) La
prevención de enfermedades y lesiones, y la promoción y la conservación de la
salud;
b) El
alivio del dolor y el sufrimiento causados por males;
c) La
atención y la curación de los enfermos y los cuidados a los incurables;
d) La
evitación de la muerte prematura y la búsqueda de una muerte tranquila.
Ahora
bien, para el alivio del dolor y el sufrimiento existen soluciones de tipo
farmacológico u otras (algunas de ellas fuera del ámbito de la medicina) para
intentar resolverlos o, al menos, atenuarlos significativamente. La muerte
tranquila puede definirse como aquella en la que el dolor y el sufrimiento se
reduzcan mediante unos cuidados paliativos adecuados, en la que al paciente
nunca se le abandone ni descuide y en la que los cuidados se consideren igual
de importantes para los que no vayan a sobrevivir como para los que sí. Lo
anterior implica el debido acompañamiento del paciente por parte de su familia
y del personal sanitario, con un trabajo y preocupación mayores, atendiendo a
considerarle como un ser desvalido que precisa ayuda y compasión. En Chile, si
bien se cuenta con una organización y estructura asistencial para el
tratamiento de los casos de dolor en cáncer avanzado, falta un mayor desarrollo
de los cuidados paliativos en otras patologías.
El
grupo de estudios de Etica Clínica de la Sociedad Médica de Santiago señala que
la Eutanasia no persigue diagnosticar, tratar ni prevenir una enfermedad, sino
que es una acción ejecutada con el propósito intencionado de causar la muerte
de una persona para evitar el dolor y/o sufrimiento, lo que excede la
naturaleza y objetivos de un acto médico. Así, el profesional que interviene en
la eutanasia no está realizando una acción propia de su profesión, y contradice
los fundamentos del saber médico y los valores del Juramento Hipocrático. Lo
cierto es que no suele ser el médico sino la familia, el propio paciente o la
presión de la sociedad expresada, de diversas maneras, los que plantean la
aplicación de la eutanasia.
2.3 Principios bioéticos en juego
En el
debate bioético contemporáneo sobre el final de la vida humana, se suele
afirmar que nadie tiene derecho a imponer la obligación de seguir viviendo a
una persona que, en razón de un sufrimiento extremo, ya no lo desea. Basándose
en una concepción del respeto a la libertad individual (autonomía) del paciente
se propone entender el ‘derecho a una muerte digna’ como el derecho a disponer
de la propia vida mediante la eutanasia o el suicidio médicamente asistido. De
acuerdo con esta línea de pensamiento, en situaciones verdaderamente extremas,
la eutanasia y la asistencia al suicidio representarían actos de compasión
(beneficencia); negarse a su realización podría suponer una forma de
maleficiencia. El informe del Comité de
expertos de la OMS establece que entre los objetivos específicos de los
cuidados paliativos están el “reafirmar la importancia de la vida, considerando
a la muerte como un proceso normal” y “establecer un proceso que no acelere la
llegada de la muerte ni tampoco la posponga.” (6) Estos objetivos corresponden
a una concepción del derecho morir con dignidad no como un derecho a morir,
sino como un derecho a una forma de morir. La expresión denota, entonces, una
exigencia ética. La idea fundamental es que el ser humano muriente plantea una
serie de exigencias éticas tanto a los profesionales de la salud como a la
sociedad. Los objetivos que se plantean los cuidados paliativos son una
respuesta activa y concreta frente a estas exigencias éticas del morir humano.
3. Conclusiones
Los
principios de la bioética (beneficencia, no maleficencia, autonomía y
justicia), basados en valores universales, son un referente para analizar la
ética de las decisiones sanitarias. El más moderno, el de autonomía, surge del
concepto de libertad personal. La medicina tradicionalmente se ha inspirado en
la realización del bien a la persona enferma (beneficencia), guiada por la
prudencia (no maleficencia), según la máxima de «primum non nocere» («lo
primero, no hacer daño»). El principio de autonomía se concreta en la medicina
centrada en el paciente, lo que conlleva dar información relevante y ajustada a
las demandas de información del propio paciente, saber escuchar, contemplar las
implicaciones familiares y sociales de los problemas de salud, confidencialidad
y respeto a las preferencias de elección del paciente. Dedicar a cada paciente
el tiempo que necesita reduce el riesgo de errores, mejora la comunicación y es
esencial para la efectividad de la medicina. Existen límites para el principio
de autonomía, por ejemplo, cuando entra en colisión con el de obligación de no
dañar del profesional (no maleficiencia), o con la necesidad de gestionar unos
recursos siempre limitados que de utilizarse innecesariamente vulnerarían el
principio de justicia. El principio de justicia sustenta el concepto de
equidad: dar a cada uno según sus necesidades y no más a los más demandadores,
cuando la demanda no se ajusta a la necesidad (7).
En el
caso de la eutanasia es la autonomía del paciente la que se argumenta como el
valor fundamental a respetar la voluntad del otro en la libertad que le otorga
su condición de ser humano (8). Es en ese dialogo deliberativo el que la sociedad
debe buscar, para encontrar esos puntos de entendimiento y de valores que cada
sujeto sustenta en su conciencia. La masonería desde sus inicios a sostenido
los principios de libertad, igualdad y fraternidad universal, y trabajado con
encono para que cada ser humano sea tratado dignamente. Ello parte por aceptar
al otro en su verdad, en su contexto, y en su libertad. Yo no decido nacer en
tal lugar y en tal época, pero soy consciente que voy a morir, ¿no es acaso un
acto de valor del más sublime sentido humano el decidir cómo enfrentar la
muerte? ¿No es acaso un acto de sublime amor al hombre el empatizar con su
dolor e impotencia y ayudarlo en su sufrimiento? No veo contradicciones con
nuestras doctrinas el que se apoye una ley que despenaliza la eutanasia, y
siento que nuestra orden está en sintonía con la propuesta actualmente en
trámite en nuestro congreso.
Bibliografía
1.- Cámara de Diputados de
Chile; Boletín N°11745-11; Establece el derecho a la eutanasia, regula las
condiciones para su ejercicio, y modifica en conformidad a ello el Código Penal
https://www.camara.cl/pley/pley_detalle.aspx?prmID=12267&prmBL=11745-11
2.-
Beca Juan Pablo, Ortiz Armando, Solar Sebastián; “Derecho a morir: un debate
actual”; Rev Méd Chile 2005; 133: 601-606
3.- Grupo
de estudios de Ética Clínica de la
sociedad Médica de Santiago; “Eutanasia y acto médico”; Rev Med Chile 2011; 139: 642-654
4.-
Diccionario de la Lengua Española; Real Academia Española.
http://dle.rae.es/?w=eutanasia
5.- Asociación
Médica Mundial: Resolución de la AMM sobre la Eutanasia Adoptada por la 53a
Asamblea General de la AMM, Washington Mayo del 2002 y reafirmada con una
revisión menor por la 194ª Sesión del Consejo, Bali, Indonesia, Abril 2013.*
https://www.wma.net/es/policies-post/resolucion-de-la-amm-sobre-la-eutanasia/
*(en
revisión en la próxima sesión de la AMM en Reikavik octubre 2018)
6.- Organización
Mundial de la Salud; Cáncer; Cuidados Paliativos
http://www.who.int/cancer/palliative/es/
7.-
Roman Abelardo; Bioeticas. Guía Internacional de Bioetica.
http://www.bioeticas.org/bio.php?articulo92
8.-
Goic Alejandro. “Apuntes sobre la eutanasia”; Rev Méd Chile 2005; 133: 371-375