martes, 13 de mayo de 2025

Pepe Mujica: del fusil a la libertad, la evolución de un rebelde hacia el liberalismo ético

 

En tiempos donde la política suele alternar entre la arrogancia tecnocrática y el cinismo populista, la figura de José “Pepe” Mujica —expresidente de Uruguay y exguerrillero tupamaro— emerge como una rareza ética. A sus 89 años, su legado no reside tanto en leyes o reformas, sino en su filosofía de vida y su forma de hacer política: una ética austera, profundamente liberal, enraizada en la experiencia de la derrota, la cárcel y la reflexión vital.

 

 

Mucho se ha dicho sobre Mujica como “el presidente más pobre del mundo”. Sin embargo, ese apodo superficial reduce una trayectoria mucho más compleja: la de un hombre que pasó del marxismo armado al pensamiento libertario-humanista, sin por ello abandonar su compromiso con la justicia social.

 De la revolución al Estado

Sociológicamente, Mujica representa el tránsito de lo que Ralf Dahrendorf llamaba la “política del conflicto” a la “política de la institucionalización”. Formado en la lucha armada de los años 60 y 70, Mujica encarnaba el ideal revolucionario latinoamericano: cambio estructural a través de la confrontación directa con el poder oligárquico.

Pasó 14 años en prisión, aislado, incomunicado, casi deshumanizado. Paradójicamente, ese tiempo no lo radicalizó más, sino que lo moderó. En sus propias palabras:

“Me comí 14 años en cana y dos horas después de que salí, ya estaba militando.”

Ese “volver a militar” no fue regresar al fusil, sino reconstruirse dentro del juego democrático. Ingresó al Frente Amplio, un espacio plural de la izquierda uruguaya, y desde allí comenzó su travesía institucional: diputado, ministro, senador, presidente.

Un liberalismo austero y existencial

La sociología contemporánea habla del “individuo reflexivo” (Giddens), alguien que, tras experiencias límite, redefine sus prioridades. Mujica no se volvió neoliberal ni burgués; se volvió radicalmente libre. En un mundo obsesionado con acumular, él eligió despojarse:

“No soy pobre, soy sobrio. Vivo con lo justo para que las cosas no me roben la libertad.”

Aquí Mujica se sitúa más cerca de los antiguos estoicos que de Marx. Su discurso sobre el consumo no es un sermón religioso ni una consigna militante. Es una crítica existencial al modo de vida capitalista. No busca destruir el mercado, sino desenmascarar su promesa vacía: que más bienes traerán más felicidad.

“La verdadera libertad está en consumir poco.”

Esta frase —sencilla pero demoledora— sintetiza un liberalismo ético poco común en la izquierda latinoamericana. Mujica no propone estatismo, sino autonomía; no impone modelos, sino una invitación a elegir conscientemente cómo vivir.

 Libertades civiles, sin dogmas

Durante su presidencia (2010–2015), Uruguay aprobó leyes pioneras en América Latina:

  • Matrimonio igualitario.

  • Legalización del aborto.

  • Regulación del cannabis.

Estas no fueron medidas “progresistas” en el sentido superficial del término. Fueron decisiones profundamente liberales, nacidas de la convicción de que el Estado no debe meterse en la vida privada de las personas.

“El matrimonio gay es más viejo que el mundo. No legalizarlo sería torturar a las personas inútilmente.”

Mujica habla desde el sentido común ético, no desde la trinchera ideológica. En esto, su figura recuerda a los viejos liberales radicales del siglo XIX: la libertad como principio absoluto, tanto en lo económico como en lo moral.

 Una crítica al desarrollismo sin alma

Su mirada ecológica también rompe con el fetichismo del “crecimiento económico”. En un discurso en la ONU que dio la vuelta al mundo, dijo:

“Arrasamos las selvas verdaderas, e implantamos selvas anónimas de cemento.”

Aquí Mujica muestra su influencia del pensamiento ecologista, no como moda, sino como cuestionamiento profundo al modelo civilizatorio. En lugar de “progreso”, propone “vida con sentido”. En vez de PIB, propone tiempo.

“La libertad es tener tiempo para hacer lo que te gusta.”

Desde la teoría sociológica, su propuesta dialoga con autores como Ivan Illich o Serge Latouche, que denuncian la “sociedad del rendimiento” como una cárcel moderna.

¿Un liberal de izquierda? 

En la taxonomía política clásica, Mujica descoloca. ¿Es de izquierda? Sin duda, por su defensa de los pobres y su crítica al privilegio. ¿Es liberal? Absolutamente, por su defensa de la libertad individual, la autonomía, la pluralidad.

Es, quizás, uno de los pocos ejemplos vivos de que se puede ser de izquierda sin ser autoritario, liberal sin ser elitista, austero sin ser moralista, revolucionario sin ser dogmático.

Conclusión: la libertad como herencia

El pensamiento de Mujica no es una ideología cerrada, sino una ética vivida. Un camino que va del resentimiento a la sabiduría, del odio al perdón, de la verticalidad del mando a la horizontalidad del diálogo.

“La política no es para enriquecerse, es para servir a los demás.”

En una época de narcisismo político, su humildad es revolucionaria. En tiempos de polarización, su sentido común es subversivo. Y en un mundo que corre sin sentido, su pausa es profundamente transformadora.

Una síntesis original: libertad individual con responsabilidad colectiva

Pepe Mujica no cabe en las categorías ideológicas tradicionales. Su pensamiento puede resumirse como una síntesis entre liberalismo ético y justicia social. Cree en el individuo, pero no en el individualismo. Defiende la propiedad, pero denuncia la acumulación sin sentido. Valora el trabajo, pero rechaza el productivismo.

Desde una mirada sociológica, es el ejemplo de un actor que internalizó el conflicto, pero eligió superarlo mediante la moderación y el diálogo. Su historia personal lo legitima: nadie puede acusarlo de “traidor” por abandonar la vía armada; lo hizo por convicción, no por conveniencia.

Hay que ser libre de ataduras materiales, mentales y políticas. Pepe Mujica

miércoles, 7 de mayo de 2025

“El Conflicto Mapuche: Descripción y Análisis y Lecciones Ontológicas y Axiológicas”

 


La historia del pueblo Mapuche presenta algunas teorías con respecto a sus orígenes como la que sostiene Ricardo Latcham, escritor chileno, quién sostenía que los mapuches eran una raza distinta a la de los huilliches y picunches y que el mapuche proviene desde Argentina de un pueblo cazador, guerrero y patriarcal que cruzó la cordillera, el que se mezcló con el indígena local, el que se caracterizaba por ser agricultor,pacífico y matriarcal. 


Esta teoría, fue rechazada por Tomás Guevara, historiador, profesor y estudioso del pueblo mapuche. Guevara sostenía que picunches, huilliches y mapuches son un mismo pueblo y que las diferencias existentes obedecían a aspectos geográficos, por la propia evolución y por el contacto y relación con otros pueblos. Plantea que la característica belicosa de los mapuches se debía a que, a diferencia de los otros dos pueblos, los terrenos donde se emplazaban, ofrecían menos resistencia a fuerzas rivales e invasoras por lo que debían ser más agresivos para defenderse y por sobre todo para defender su tierra, aspecto fundamental y altamente valorado por ellos.

Esta conducta característica, quedó de manifiesto en el proceso de conquista española y les otorgó esa fama de pueblo indomable. La Guerra de Arauco, que se describe como un sangriento conflicto de cerca de 300 años de duración, se desarrolló en su primer siglo (1550 a 1656) en esas condiciones, pero que posteriormente los enfrentamientos se fueron haciendo más esporádicos imperando las relaciones fronterizas entre los mapuches, los criollos y españoles. Desde ese momento y tras el proceso de Independencia de Chile el pueblo mapuche gozó de cierto reconocimiento: Mantuvieron su propia organización social, se definieron políticas frente al estado y se mantenían negociaciones que beneficiaban a ambos. Sin embargo, esta autonomía y regalías constituía un verdadero problema para Chile, que veía así amenazada su "soberanía" y comenzó a prosperar la idea de tener que integrar estos territorios a sus dominios. 

 El Gobierno de Chile comienza el proceso de “Pacificación de la Araucanía” o llamada “Ocupación de la Araucanía” presidido por José Joaquín Pérez (1861) y que se extendió hasta el Gobierno de Domingo Santa María (1883). En 1862 se iniciaron ofensivas militares y se definía que el “problema mapuche” debía ser abordado de esta manera. Se anexó el territorio al Sur del río Bio Bío y hasta el río Toltén que estaba hasta entonces dominado por los mapuches. La Ley sobre enajenación de tierras indígenas (1866) entregó atribuciones al Presidente de la República para destinar y hacer uso de territorios indígenas. Luego del término de  la “Guerra del Pacífico”, el ejército chileno tenía más experiencia y tecnología muy superior a la de los indígenas lo que hace estéril la defensa de mapuches, el gobierno entregó a las comunidades mapuches residentes “Títulos de Merced”, con superficies limitadas de terrenos según la cantidad de familias. El territorio restante mediante remates públicos se adjudicó a privados, como así también el Estado de Chile se dejó superficies bajo su dominio. Desde 1880 en adelante se dispuso colonizar sectores del territorio recuperado con familias contratadas en Europa. Desde 1884 hasta 1927 se otorgaron 2.918.- Títulos de Merced correspondientes a 526.000.- hectáreas aproximadamente, lo que significa un promedio de 6,1 ha por persona, lo que a su vez equivale poco menos del 10% del territorio mapuche original. En tanto, a los colonos chilenos y europeos se les asignaron parcelas de aproximadamente 50 y 500 ha respectivamente.

Pese a la férrea defensa y resistencia que ha caracterizado al pueblo mapuche en toda su historia, hoy por hoy, el 90% de comunidades existentes se ha dividido, a través del traspaso con posibilidad de arriendo por hasta 99 años de las tierras a los “winkas” (del mapudungun, ladrón) que es como denominan a los chilenos. La Ontología, es una parte o rama de la filosofía que estudia la naturaleza del ser, la existencia y la realidad, tratando de determinar las categorías fundamentales y las relaciones del "ser en cuanto ser". Según la RAE se define como “Parte de la metafísica que trata del ser en general y de sus propiedades trascendentales” De acuerdo con ello, Ontológicamente, la tierra para los pueblos originarios es central, central para sus costumbres, creencias, ritos, para su subsistencia, la relación de los pueblos originarios con la MAPU (tierra), se ha transformado en el eje central del conflicto naciendo de ahí una serie de hitos en la reinvindicación que se definen a continuación:

a) La libre determinación de tierras y autonomía territorial indígena, es uno de los principales reclamos de las organizaciones sociales Mapuches, que busca restituir las tierras ocupadas desde 1880 por colonos, nacionales y el estado. Lo anterior es derecho a poseer, utilizar, desarrollar y controlar las tierras, territorios y recursos" y el "derecho a determinar y elaborar las prioridades y estrategias para el desarrollo o la utilización de sus tierras y recursos. 

 b) El reconocimiento constitucional, que va de la mano con el tema planteado anteriormente, busca consagrar la libre determinación indígena, los territorios indígenas y la plurinacionalidad del Estado. Participación política, que permita tener igualdad de oportunidades en las elecciones y representaciones políticas del estado, y principalmente participar activamente de las decisiones que les afecten como pueblo e incluso la elaboración de reglas especiales que consideren las características especiales de sus organizaciones. 

 c) Debido Proceso, Medio Ambiente e Inversión en proyectos en Territorio Mapuche, derecho a la educación (derechos lingüisticos) son las otras reclamaciones efectuadas por las comunidades Mapuches y en las cuales hasta hoy no existe una voluntad política, social y económica para avanzar en ellas, a pesar de varios esfuerzos de los gobiernos en los ultimos años, pero la radicalización del movimiento principalmente en lo referente a la recuperación de tierras las han entrampado y violentizado. 


 La axiología es una rama de la Filosofía que estudia los valores. La RAE la define como “Teoría de los valores”. Desde el punto de vista axiológico, y ante el tema que nos convoca, ¿Valores como la Fraternidad, Libertad e Igualdad han sido parte del conflicto o del desarrollo del mismo?, o Valores como el respeto y la empatía, ¿Han sido evidenciados por parte de nuestra sociedad en esta problemática? Éstas son algunas interrogantes que vale la pena plantearse para entender como nos alejamos cada vez de la raíz del problema, de dimensionar el valor único que tiene la tierra para los pueblos originarios, de empatizar con ese amor, de entender que les hemos quitado la libertad de decidir que hacer con ellas, que el acceso a la educación o al debido proceso es una muestra de desigualdad gigantesca y que como nación hemos impuesto valores, culturas y vicios a aquellos que forjaron nuestra historia, demostrando escasa fraternidad, sentimiento de pertenencia y amor por lo que fuimos. Evidentemente, si el enajenador hubiese considerado estos conceptos en su actuar y en las decisiones impositivas aplicadas el desarrollo de esta larga historia hubiese sido otro y muy probablemente no con los niveles de violencia de los que hoy somos testigos.

jueves, 1 de mayo de 2025

El trabajo :. - un análisis desde lo simbólico.



I.- INTRODUCCIÓN

 Por tradición mayo se caracteriza y se relaciona con el trabajo ya que en este mes se llevo a efecto la huelga sindicalista en Chicago en 1886 y el 1° de mayo, se celebra el Día del Trabajo en prácticamente todo el mundo. Una jornada muy reivindicativa y pilar fundamental del movimiento obrero durante la Revolución Industrial, pero deseo plantear la siguiente pregunta, ¿Qué entiende por trabajo?. La respuesta va a depender desde el punto de vista que se encuentre tal contexto o a quién se le pregunte, por ejemplo si es a un estudiante este dirá que es el quehacer en forma diaria de lo que desarrolla, como ir al colegio, hacer investigaciones, tareas, estudiar. Si la pregunta se la hacemos a una persona de la construcción este dirá que es lo que desarrolla como jornal en la construcción de una casa, un puente, un edificio según al medio en que se encuentre. Si es a un campesino este dirá que es la faena diaria que hace en el campo para poner la semilla que allí ha sembrado. Si le consultamos a un Físico, este dirá que corresponde a la fuerza que se aplica sobre un cuerpo para que tenga un determinado desplazamiento y será más enfático en decir que si no se mueve, no hay trabajo. Aristóteles dirá que el trabajo es una actividad que transforma a la naturaleza con el fin de obtener un producto determinado, asociado con las necesidades básicas de los hombres, y así puedo seguir dando muchas opiniones acerca del trabajo, los invito a que ustedes también se planteen y respondan esta pregunta inicial.

Todo lo mencionado anteriormente podemos decir que está en un contexto apropiado para referirse e interpretar acerca de la actividad que desarrolla como trabajo, podemos además dejar una fecha para celebrar el día relacionado con ese trabajo y será correcto hacerlo, dependerá sólo de una buena organización. Nosotros en nuestra Orden ¿Podemos hacer una propuesta similar y así establecer el día del Trabajo Masónico?, para poder responder a esta interrogante haré la siguiente descripción.

 

II.-DESARROLLO


En primer lugar tenemos que dejar muy en claro que entenderemos por Trabajo Masónico y así poder establecer cuando será la fecha en que celebraremos ese día. Desde el día en que fuimos iniciados y acudimos a la primera tenida escuchamos por primera vez el concepto de trabajo que a lo mejor paso hasta desapercibida porque lo que presenciamos aquella vez fue una reunión con una disposición
distinta a tantas otras en las que habíamos participado, aprendemos también un nuevo concepto, profano, aquí nace la diferencia principal entre el trabajo que desarrollaremos en nuestra organización.

El Trabajo Masónico, es un trabajo especulativo y operativo, parte de la reflexión y de lo interior, para dar paso a la acción efectiva y exterior, tiene dos ámbitos, el personal o individual y el colectivo o universal, que se entremezclan y germinan mutuamente y, en definitiva, son uno y lo mismo, se utilizan dos tipos de instrumentos o útiles probados por la experiencia y fundados en la Tradición; los símbolos y los rituales; símbolos y ritos que adquieren sentido y resultan aptos para el trabajo a partir del cambio de consciencia impulsado por la Iniciación, momento y proceso que coloca al masón ante la responsabilidad de iniciar su Trabajo, este se irá enriqueciendo a medida que camine por esta elección que ha hecho la masonería para él y éste la ha aceptado.

Según René Guenon El Trabajo Masónico no debe parecerse, a la obsesión del mundo moderno por la acción en sí misma, la necesidad perentoria y neurótica de hacer por hacer, de llenar una especie de vacío existencial con el constante ajetreo de la acelerada rutina cotidiana. Sin duda alguna que ello otorgará satisfacción psicológica momentánea, pero se queda en eso, en movimiento inútil y absurdo, sin vocación y sin dirección. Bien al contrario, al masón se le exige y debe exigirse reflexión y contemplación, no debe actuar ni trabajar de cualquier manera, debe primero especular, contemplar, ser crítico ante lo que le rodea y ante sí mismo y establecer qué es lo que desea hacer, en qué trabajar y cómo trabajar.

Tenemos entonces nuestro particular Trabajo, que es nada más y nada menos que la colaboración a lo que se llama la Gran Obra o, en otros términos, contribuir a la construcción del Templo. Somos constructores y canteros, nos afanamos en un objetivo y nos marcamos una clara dirección. Nuestro trabajo lo podemos dividir en dos etapas, Trabajo individual y Trabajo grupal los que explicaré a continuación.



A)   Trabajo individual.

 Acá comenzamos a contribuir con la construcción, mejora y todo lo que está relacionado con el Templo pero este Templo somos nosotros mismos, cada uno, y por ello desarrollamos la labor transformadora y perfeccionadora, debemos hacer la acción previa de limpieza del terreno, no tenemos una tierra virgen en la cual podamos empezar a colocar piedra sobre piedra.

El Trabajo masónico es, la perpetua y eterna tarea de transformación como lo denso en sutil, de lo terrestre y en cielo, del perfeccionamiento y mejoramiento de las distintas facetas del ser humano, no sólo las meramente psíquicas o éticas, sino también de su faceta espiritual, de su propia transcendencia. La imagen del Templo es enteramente sugestiva, es el lugar donde nos reunimos y queda claro hoy, que ni siquiera es necesario para hacer los Trabajos.

Así, en esa labor constructiva, el masón debe encontrar ese centro, que es el de sí mismo y el del Cosmos, esa Luz que le impulse a divinizarse, y por lo tanto a transformarse en aquello que está destinado a ser el Yo único e indiferenciado.

Esta labor personal o individual es doble; por una parte, la búsqueda del ideal para el masón, aquello hacia lo que pretenderá a través de su trabajo. Ello obliga a hacerse una idea del Templo al que aspira, la Masonería, no impone un modelo determinado, un ejemplo acabado que el masón particular siga. Lo que sí hace la masonería es proporcionar un cuadro simbólico rico y complejo, pleno de herramientas con la que cada masón debe afrontar. La otra parte de ese trabajo es la construcción de su arquitectura interior, la transformación en un hombre nuevo. Esta segunda tarea está basada en el ritual, elemento fundamental y verdadera señal de identidad de nuestra Orden. Ese ritual debe operar sobre cada hermano en su consciencia y visión, al tiempo que le sirve de constante recordatorio de que ser masón es una tarea diaria y permanente, que por su esencialidad exige un trabajo constante, a diferencia del mundo profano que está centrado en un horario y puede ser realizado, durante el día por un ideal perseguido.

En su trabajo, el masón tiene que ser coherente, ajustar sus palabras a sus actos, las buenas intenciones no sirven deben ir acompañadas de los actos. Menciono a continuación lo que dice el apóstol Jaime; “Pues si uno escucha la palabra pero no la practica, es como un hombre que mira su rostro en un espejo, y se va, y al instante olvida qué clase de hombre era; pero aquel que mira en la perfecta ley de la libertad y no es un oyente olvidadizo sino que practica las obras, ese hombre será bendito en su trabajo”.

 B)   Trabajo Colectivo.

 La segunda parte, el trabajo colectivo o, quizá mejor dicho, la construcción del Templo Universal o la Gran Obra de la Humanidad. El masón no sólo se afana en mejorarse a sí mismo sino que acepta y se compromete, desde su Iniciación, con la tarea de mejorar la Humanidad, de construir un mundo mejor y más justo, más iluminado, donde reinen las más perfectas condiciones y en el que una Humanidad esclarecida, liberada de la ignorancia, el fanatismo y la ambición, llegue a ver realizados los ideales de Libertad, Igualdad y Fraternidad.

Todo esto está muy bien, estamos todos muy orgullosos de nuestro propósito, pero, ¿cómo lo hacemos? Porque, al pasar de los ideales, como la Libertad o la Igualdad que citábamos, a la concreción de los mismos en medidas concretas que la masonería pueda proponer colectivamente, a través de sus Logias u Obediencias, necesariamente nos enfrentaremos a la multiplicidad de ideas y visiones que conforman un amplio abanico de hombres libres y de buenas costumbres, cada uno de los cuales puede proponer medios de mejora o perfeccionamiento humano pero a su vez debe estar dentro de los márgenes que la Logia establece.

Por esta razón cada grado tiene su propio Vigilante el que de acuerdo a un programa establecido por la Gran Logia es estudiado y trabajado en las Cámaras del grado para así hacer realidad esta faceta, que es fundamental para el trabajo colectivo y tener presente que siempre estará visualizando una Humanidad más cálida y acogedora.

 III.-CONCLUSIONES

Después de haber hecho todo el análisis de lo que es el Trabajo Masónico puedo concluir que:

a)    El Masón debe estar siempre dispuesto a dar y a darse a los demás.

b)    Asistir siempre a la Orden, participar de los trabajos, hacer aportes intelectuales que enriquezcan el taller y siempre estar dispuesto a ayudar a los otros hermanos. La asistencia a los trabajos de la Logia permite desarrollar mejor los temas vinculados a la reflexión e intercambio de ideas que allí se practican.

c)     El trabajo que debemos hacer los Masones siempre se verá reflejado en los principios y valores que mostremos en nuestro actuar, como ser honesto, respetar a la verdad, la ética, la dignidad y la lealtad. Solo así los masones que componemos una Logia seremos realmente dignos depositarios de tan honroso nombre, y será desde esa armonía como el trabajo que se haga para pulir la piedra bruta, hará fértil la actividad de la Logia y de la Fraternidad.

d)    Después del análisis hecho acerca del Trabajo Masónico, termino recordando la pregunta hecha al principio a todos los Q.:Q.:H.:H.: ¿Será correcto pensar en un día para que se celebre el Trabajo Masónico?. La respuesta la dejo para que cada uno la medite la reflexione y llegue a una conclusión propia. Además le estaremos dando al trabajo el enfoque que corresponde desde nuestra mirada, viéndolo como una actitud y una acción que dignifique, libere, construya, transforme y perfeccione al H.:H.: