miércoles, 19 de diciembre de 2012

Descripción de las continuidades o las rupturas entre los paradigmas en las ciencias sociales norteamericanas


 

La sociología norteamericana después de la segunda guerra mundial ha sufrido una variedad de cambios paradigmáticos, pasando por una gran variedad de teorías sociológicas, las cuales permitieron consolidar las ciencias sociales tanto en lo intelectual como en lo institucional.

Se cree necesario hacer una breve referencia a la sociología norteamericana de entre guerra antes de entrar a detallar todo el cambio ocasionado post segunda guerra mundial.

 La vida intelectual estadounidense se encontraba bajo la influencia del pragmatismo que buscaba reconstruir el mundo occidental; además la sociedad norteamericana poseía un carácter progresista y liberal. La sociología norteamericana en general era ateórica y profundamente empirista, “Sufrían la influencia de teorías “institivistas” los vestigios del darwinismo social y las reformas individualistas de pragmatismo, y adolecían de una tendencia antifilosófica que obstaculizaba la creación de una teoría sociológica sistemática.” (Alexander, 1990:26), toda esta paradoja permite generar una nueva visión, la cual pretendía reconstruir la sociología europea, devolviéndole la razón a la cultura y el control individual a la sociedad. Todo este cuestionamiento da pie al funcionalismo norteamericano de posguerra, donde su principal exponente fue el teórico Talcott Parsons.


Parsons da gran preocupación a la crisis contemporánea y afirma que el individualismo y la racionalidad están siendo amenazados y esto ha sido lo que ha afectado a la sociedad europea. Parsons critica el liberalismo decimonónico, el cual permanece omnipresente en el mundo occidental, el cual desarrolla un modelo liberal capitalista que niega un papel al bien colectivo y donde la integridad del individuo esta en riego. Parsons alude que “para salvar la integridad del individuo y sostener la capacidad de la razón, era preciso modificar la teoría liberal.” (Alexander, 1990:28). Lo que buscaba Parsons era crear una teoría que alcanzara el equilibrio social, y una nueva clase de racionalidad, con lo cual su teoría de evolución social permitiría dar las bases a la posibilidad de crear un “Estado benefactor”, en otras palabras podemos definir esto como un “orden”, orden social que establece la equidad entre los individuos y permite el equilibrio de la sociedad. La vía de desarrollo para esta idea consiste en “reconocer la estructura social de una manera que no amenace la subjetividad y la libertad.” (Alexander, 1990:31).

Parsons con este nuevo paradigma pretende estudiar la sociedad como un “todo”, es decir hacer macro-sociología. Esta teoría hace énfasis a las interrelaciones entre la cultura y la sociedad, y al mismo tiempo se preocupa de las relaciones entre cada uno de los elemento y el conjunto sociocultural.

Ha de reconocerse que Parsons fue uno de los grandes teóricos norteamericanos y a pesar de su gran trabajo realizado fue enormemente cuestionado, donde se criticaba rotundamente su teoría, ya que se basaba en aspectos muy generales de las estructuras sociales; también se le cuestionaba por las interpretaciones hechas de Weber y Durkheim, además de excluir de sus estudios a muchos otros teóricos clásicos, generando una poca validez científica. Como acabamos de mencionar, la teoría parsoniana fue muy criticada y esto trajo consigo el origen de muchas otras teorías que se oponían a los planteamientos propuestos en la sociología norteamericana funcionalista. Es así como surge la “teoría del conflicto”, la cual se definió “en oposición al énfasis de Parsons sobre el problema del orden, identificando lo que consideraba su justificación ideológica de la estabilidad con su insistencia en la importancia de los sistemas culturales y el fenómeno no racional de la catexia y la internalización” (Alexander, 1990:105). La crítica principal hacia el funcionalismo parsoniano era el cuestionamiento sobre su teoría del orden, ya que no podían ver la posibilidad de que se desarrollara la racionalidad y la libertad en una sociedad de posguerra. Según John Rex, uno de los principales teóricos de la teoría del conflicto mencionaba que era más factible la posibilidad de un caos social que un orden establecido. Rex habla sobre el mito funcionalista, y da base a su teoría en lo opuesto al orden, sosteniendo que “en la teoría funcionalista el “sistema” se considera dado e inmutable, que se le otorga una estabilidad innata que se da por sentada.” (Alexander, 1990:112), esto alude a la estabilidad de los sistemas sociales, es decir niegan la posibilidad de alguna transformación o cambio. Según los teóricos del conflicto Parsons solo se preocupa de la interacción cooperativa de los sistemas sociales dejando de lado la interacción conflictiva, sino que además su teoría del orden se centra principalmente en la internación de los valores, es decir  el orden depende de los valores de la sociedad. Todo esto lleva a que John Rex se refiera a Parsons como un teórico que “se interesa solo en la estabilidad, la conformidad y las normas: es un teórico del orden.” (Alexander, 1990:113).

Una segunda corriente crítica del funcionalismo parsoniano, es la “teoría del intercambio”, teoría que criticaba la acción normativa y los énfasis psicológicos que Parsons hacia en su teoría. La teoría del intercambio “argumentaba que la negociación individual era el único fundamento de la vida institucional.” (Alexander, 1990:105), es decir, la vida social se ve como un sistema económico clásico, donde cada una de las partes trata de llegar a un consenso mediante el intercambio racional. Esta nueva corriente se encuentra ligada al desarrollo progresista de la historia cultural y social de occidente, y coincide además con el derrumbe del consenso de posguerra a fines de la década del 50. En este tiempo la renovación del pesimismo ideológico significo una ruptura con el optimismo de la fe liberal del Parsons.” (Alexander, 1990:134), pues la teoría del intercambio critica la visón liberal que poseía el funcionalismo parsoniano en donde hablaba que la razón podía trascender y lograr una comunión de toda sociedad (una comunidad). Homans teórico del intercambio argumentaba que la idea de ésta supuesta comunidad o hermandad, era una utopía, lo más factible era una cooperación mutua solo para lograr un fin determinado, ejemplo de esto es: “rasco tu espalda si rascas la mía.” (Alexander, 1990:136). Otra critica realizada por Homans, era que “la teoría estructural funcionalista no es verdaderamente científica. Es demasiado general y abstracta, está demasiado interesada en producir conceptos y definiciones, demasiado focalizada en la formulación de modelos generales. En consecuencia, la teoría funcionalista no puede ser realmente explicativa.” (Alexander, 1990:137), en otras palabras el funcionalismo parsoniano no es especifico y esto impide dar predicciones certeras y precisas sobre algún acto. Los teóricos del intercambio “insisten que la principal característica del funcionalismo es su concentración en las normas, normas que constituyen los principales recursos para la definición de los roles sociales,…” (Alexander, 1990:139), mediante esto, los funcionalistas desarrollan el problema del orden y el de la acción; Homans dice que esto no puede desarrollarse así, ya que la conducta no se puede dar por sentada, para esto se necesitaría una teoría de la conducta, por eso Homans plantea un modelo para la conducta sub-institucional que deriva de la economía, según este modelo “la interacción individual consistiría en sanciones y recompensas, y la respuesta de cada individuo ante el otro es acorde con la retribución que cada cual recibe. Lo que hacemos, y cuanto hagamos depende de la cantidad y calidad de la recompensa que obtenemos.” (Alexander, 1990:139). Esta misma afirmación además conduce a una visión de orden social la cual es dependiente de las negociaciones colectivas de los individuos. Con esto podemos entender la presuposición de Homans y de la teoría del intercambio que alude a la acción como un simple intercambio y a la negociación individual como orden social.

Una tercera corriente crítica, es el interaccionismo simbólico, la cual presenta una reacción individualista y una orientación pragmática social. El interaccionismo mantiene una posición individualista respecto del orden y se encuentra en contraste con los teóricos del conflicto y los del intercambio, ya que esta nueva teoría propone una acción normativa no racional.  Estos nuevos teóricos argumentan que “Parsons y los funcionalistas en general tratan la conducta humana como si fuera el mero producto de factores que influyen sobre los seres humanos.” (Alexander, 1990:177), Blumer se refiere a que los funcionalistas no se preocupan del individuo, si no que den un mayor énfasis a las estructuras sociales, y que estas estructuras influyan sobre las personas. Los interaccionistas en cambio, toman como aspecto principal las relaciones entre los sujetos y la comunicación que se da entre estos, además de la interpretación que los sujetos pueden tener de cada acción que desarrollen y como estos pueden generar sus propios significados por medio de una auto-indagación. Blumer sostiene que: “para hallar el significado en una situación, el actor se remite así mismo. A través de la auto-indagación, el humano constituye un objeto, le da significado y usa el significado como bases para dirigir sus acciones.” (Alexander, 1990:178), esto da señal que la teoría de Parsons obviaba por completo algunos aspectos centrales en las estructuras sociales y en su sistema de normas y valores, ya que no le interesaba la propia información y valoración que podían hacer los propios sujetos respecto de su actuar en el diario vivir.

Otras corrientes críticas al funcionalismo parsoniano son la etnometodología y la fenomenología. La etnometodología tiene una postura normativa e individualista, la cual fue adoptada del interaccionismo, pero esto no quiere decir que sea similar. La etnometodología es muy distinta del interaccionismo, ya que posee un individualismo presuposicional y otro empírico. La etnometodología fue creada por Garfinkel, quien en sus comienzos fue seguidor de la fenomenología de Husserl, la cual “exponía que la realidad estaba estructurada por la percepción” y que “el orden colectivo se construye mediante la intención y las esperanza individuales” (Alexander, 1990:196). La fenomenología de Husserl toma la acción y el orden como actos inconscientes de los individuos, lo que difiere del funcionalismo donde se estipula que ambas acciones están subordinadas a las normas de las estructurales sociales. Garfinkel con sus posteriores estudios comienza a tomar en cuenta el problema de individuo, cultura y sociedad que había creado Parsons. Con esta nueva perspectiva Garfinkel comprende que el orden esta dado y que es persistente y externo a cualquier acto individual, “comprende que el orden es cultural, esta internalizado, y por ello descansa sobre los sentimientos e intenciones de los actores” (Alexander, 1990:204), es decir, el orden proviene de un consenso social. En la década del 60 Garfinkel entra en un dilema individualista que llevo a negar el colectivismo funcionalista y crea una teoría antiparsoniana llamada etnometodología. Garfinkel plantea su etnometodología como una “contra teoría del orden”, la cual niega que este supuesto orden este estructurado, y expone que es una construcción de los propios individuos, de la conciencia y de la cultura. Garfinkel vuelve a tomar parte en la fenomenológica, y toma de Husserl la experiencia como “habito personal, que es el sedimento de los actos que una actitud de experiencia natural cumple en el curso de la vida.” (Salas, 2006:50).

Con toda esta idea de tomar la conciencia y la experiencia de los individuos, más los aspectos valóricos y culturales de las estructuras sociales surge una nueva corriente posparsoniana que “rompe con la orientación antiparsoniana individualista” (Alexander, 1990:105), la cual se manifiesta en contra del énfasis que propone Parsons sobre la autonomía de los problemas sociales y la independencia de la personalidad. Este nuevo paradigma es la hermenéutica. Esta nueva teoría propuesta por Dilthey posee una perspectiva anti-instrumental acerca de la acción, la cual considera a este acto como un proceso creativo y emotivo, dando un enfoque subjetivo a los objetos. Dilthey expone que “el punto de partida para la comprensión del concepto de sistema de la vida social lo constituye la riqueza vital del individuo mismo.” (Salas, 2006:40), esta idea de riqueza vital hace alusión al sistema cultural que poseen los individuos y el cual les permite interactuar según sus valores, sus normas y símbolos.

Dilthey critica la postura muy generalizada que Parsons tiene en su sistema cultural, y añade que la cultura es el “mapa conceptual” que permite interpretar y comprender los fines de los individuos. La “sociología cultural” como muchos teóricos han la denominado a la hermenéutica, centra sus bases en la conciencia histórica de la humanidad, lo que la atribuye a un conocimiento social presente en los individuos. Dilthey a dice que “la sociedad actual vive, por así decirlo sobre estratos y ruinas del pasado,…” (Salas, 2006: 34), esas ruinas del pasado representan para nosotros “un presente de permanente perduración.” (Alexander, 1990:233). Todo esto permite aclarar de mejor manera que “la hermenéutica se interesa en la forma objetiva de la sociedad, no en la mente de la subjetividad del individuo.” (Alexander, 1990:233).

Todos los paradigmas anteriores criticaron profundamente la perspectiva funcionalista de Parsons, las cuales se basaron en errores a los análisis propuestos y a las formas de cómo poder interpretar la vida social individual-colectiva.

Una última teoría resurge a este periodo de posguerra, la cual se oriento en una dimensión ideológica y en una visón radical distinta del provenir social. La nueva propuesta a la que se hace mención es la “teoría crítica”, la cual posee una orientación marxista basada en “el conflicto existente entre las fueras de productivas sociales y las relaciones de producción.” (Salas, 2006:42). La fuerza que llevo al surgimiento del marxismo en los EE.UU. fue una razón ideológica, ya que para los marxistas “la alineación es un elemento dado en las sociedades capitalistas.” (Alexander, 1990:268). Parsons argumentaba su teoría social con consensos liberales, que lo permitieran llevar hacia la comunidad y la integración social. Los teóricos liberales “creen que la individualidad puede y debe darse en la sociedad moderna. Y describen la integridad individual como base del proceso y el orden social.” (Alexander, 2006:268). Los teóricos marxistas en cambio decían que la idea de “estado benefactor” y lo instrumental de las sociedades capitalistas hacen que los individuos se encuentren dominados (sometidos), y  que estos solo actúen de acuerdo a la distribución de las fuerzas económicas. Para Marx las fuerzas económicas a medida que evolucionan entran en conflicto con las relaciones producción, y esto generaría la lucha de clases. (Alexander, 2006:269).

La ideología marxista tiene 2 aspectos fundamentales en relación al funcionalismo parsoniano, la primera es que creen en el orden colectivo, pero solo si se logra concebir como un proceso cultural, y la segunda consiste en  introducir el voluntarismo en la teoría original. Esta última lleva a un conflicto entre dilemas teóricos e ideológicos.

El marxismo durante todo su camino tubo un cambio teórico que lo llevo a cambiar su visión unidimensional por otra multidimensional, lo que difiere de la teoría parsoniana que comenzó siendo una teoría multidimensional y termino tomando rumbos unidimensionales. (Alexander, 1990:294)

Si miramos todos los cambios paradigmáticos ocurridos posguerra en los Estado Unidos, lo único que se ha obtenido ha sido aumentar las trabas y las dificultades, las cuales han impedido la creación de una “sola” y “gran teoría sociológica”.
Muchos de las teorías posparsoniana se centraron en criticar y desarmar los postulados funcionalistas, sin pensar que el funcionalismo fue el esqueleto que permitió el desarrollo de muchas de las corrientes que surgieron en el siglo XX.

Hay que considerar al funcionalismo como el eje central y primordial en el pensamiento racional e intelectual norteamericano.


Bibliografía:

  • Alexander, Jeffrey C. (1990). Las teorías sociológicas desde la segunda guerra mundial. Barcelona, Gedisa.
  • Durston, John. (2004) “Desarrollo “local”, Capital Social y Clientelismo” en Vergada, Patricio, y Baer, Heinrich, En la Frontera del Desarrollo Endógeno, Temuco, Universidad de la Frontera e Instituto de Desarrollo regional y Local.
  • Mascareño, Aldo. (2004) “Teorías de sistemas de América Latina. Conceptos fundamentales para la descripción de una diferenciación funcional concéntrica”, en Vergada, Patricio, y Baer, Heinrich, En la Frontera del Desarrollo Endógeno, Temuco, Universidad de la Frontera e Instituto de Desarrollo regional y Local.
  • Merton, Robert K. (1949). Teoría y estructuras sociales. México, Fondo de Cultura Económica, 1968.
  • Parsons, Talcott. (1951). El sistema social. Madrid, Alianza. 1988.
  • Runciman, W. (1966). Capítulo VI: “Métodos, Modelos y Teorías”, en Ensayos: Sociología Política, México, Fondo de Cultura Económica. 1963.
  • Salas, Ricardo. (2006). Epistemología y pre-comprensión de la experiencia histórica II. Comte, Mill, Dilthey, Marx, Husserl. Breves textos, Santiago, Universidad Católica Silva Henríquez.



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