La sociología norteamericana después
de la segunda guerra mundial ha sufrido una variedad de cambios paradigmáticos,
pasando por una gran variedad de teorías sociológicas, las cuales permitieron
consolidar las ciencias sociales tanto en lo intelectual como en lo
institucional.
Se cree necesario hacer una breve
referencia a la sociología norteamericana de entre guerra antes de entrar a
detallar todo el cambio ocasionado post segunda guerra mundial.
Parsons da gran preocupación a la
crisis contemporánea y afirma que el individualismo y la racionalidad están
siendo amenazados y esto ha sido lo que ha afectado a la sociedad europea.
Parsons critica el liberalismo decimonónico, el cual permanece omnipresente en
el mundo occidental, el cual desarrolla un modelo liberal capitalista que niega
un papel al bien colectivo y donde la integridad del individuo esta en riego. Parsons
alude que “para salvar la integridad del
individuo y sostener la capacidad de la razón, era preciso modificar la teoría
liberal.” (Alexander, 1990:28). Lo que buscaba Parsons era crear una teoría
que alcanzara el equilibrio social, y una nueva clase de racionalidad, con lo
cual su teoría de evolución social permitiría dar las bases a la posibilidad de
crear un “Estado benefactor”, en otras palabras podemos definir esto como un
“orden”, orden social que establece la equidad entre los individuos y permite
el equilibrio de la sociedad. La vía de desarrollo para esta idea consiste en “reconocer la estructura social de una manera
que no amenace la subjetividad y la libertad.” (Alexander, 1990:31).
Parsons con este nuevo paradigma
pretende estudiar la sociedad como un “todo”, es decir hacer macro-sociología. Esta teoría hace énfasis a
las interrelaciones entre la cultura y la sociedad, y al mismo tiempo se
preocupa de las relaciones entre cada uno de los elemento y el conjunto
sociocultural.
Ha de reconocerse que Parsons fue
uno de los grandes teóricos norteamericanos
y a pesar de su gran trabajo realizado fue enormemente cuestionado, donde
se criticaba rotundamente su teoría, ya que se basaba en aspectos muy generales
de las estructuras sociales; también se le cuestionaba por las interpretaciones
hechas de Weber y Durkheim, además de excluir de sus estudios a muchos otros
teóricos clásicos, generando una poca validez científica. Como acabamos de
mencionar, la teoría parsoniana fue muy criticada y esto trajo consigo el
origen de muchas otras teorías que se oponían a los planteamientos propuestos
en la sociología norteamericana funcionalista. Es así como surge la “teoría del
conflicto”, la cual se definió “en
oposición al énfasis de Parsons sobre el problema del orden, identificando lo
que consideraba su justificación ideológica de la estabilidad con su
insistencia en la importancia de los sistemas culturales y el fenómeno no
racional de la catexia y la internalización” (Alexander, 1990:105). La crítica
principal hacia el funcionalismo parsoniano era el cuestionamiento sobre su
teoría del orden, ya que no podían ver la posibilidad de que se desarrollara la
racionalidad y la libertad en una sociedad de posguerra. Según John Rex, uno de
los principales teóricos de la teoría del conflicto mencionaba que era más
factible la posibilidad de un caos social que un orden establecido. Rex habla
sobre el mito funcionalista, y da base a su teoría en lo opuesto al orden, sosteniendo
que “en la teoría funcionalista el
“sistema” se considera dado e inmutable, que se le otorga una estabilidad
innata que se da por sentada.” (Alexander, 1990:112), esto alude a la
estabilidad de los sistemas sociales, es decir niegan la posibilidad de alguna
transformación o cambio. Según los teóricos del conflicto Parsons solo se
preocupa de la interacción cooperativa de los sistemas sociales dejando de lado
la interacción conflictiva, sino que además su teoría del orden se centra principalmente
en la internación de los valores, es decir
el orden depende de los valores de la sociedad. Todo esto lleva a que
John Rex se refiera a Parsons como un teórico que “se interesa solo en la estabilidad, la conformidad y las normas: es un
teórico del orden.” (Alexander, 1990:113).
Una segunda corriente crítica del funcionalismo
parsoniano, es la “teoría del intercambio”, teoría que criticaba la acción
normativa y los énfasis psicológicos que Parsons hacia en su teoría. La teoría
del intercambio “argumentaba que la negociación
individual era el único fundamento de la vida institucional.” (Alexander,
1990:105), es decir, la vida social se ve como un sistema económico clásico,
donde cada una de las partes trata de llegar a un consenso mediante el intercambio
racional. Esta nueva corriente se encuentra ligada al desarrollo progresista de
la historia cultural y social de occidente, y coincide además con el derrumbe
del consenso de posguerra a fines de la década del 50. “En este tiempo la
renovación del pesimismo ideológico significo una ruptura con el optimismo de
la fe liberal del Parsons.” (Alexander, 1990:134), pues la teoría del
intercambio critica la visón liberal que poseía el funcionalismo parsoniano en
donde hablaba que la razón podía trascender y lograr una comunión de toda
sociedad (una comunidad). Homans teórico del intercambio argumentaba que la
idea de ésta supuesta comunidad o hermandad, era una utopía, lo más factible
era una cooperación mutua solo para lograr un fin determinado, ejemplo de esto
es: “rasco tu espalda si rascas la mía.”
(Alexander, 1990:136). Otra critica realizada por Homans, era que “la teoría estructural funcionalista no es
verdaderamente científica. Es demasiado general y abstracta, está demasiado
interesada en producir conceptos y definiciones, demasiado focalizada en la
formulación de modelos generales. En consecuencia, la teoría funcionalista no
puede ser realmente explicativa.” (Alexander, 1990:137), en otras palabras
el funcionalismo parsoniano no es especifico y esto impide dar predicciones
certeras y precisas sobre algún acto. Los teóricos del intercambio “insisten que la principal característica del
funcionalismo es su concentración en las normas, normas que constituyen los
principales recursos para la definición de los roles sociales,…” (Alexander,
1990:139), mediante esto, los funcionalistas desarrollan el problema del orden
y el de la acción; Homans dice que esto no puede desarrollarse así, ya que la
conducta no se puede dar por sentada, para esto se necesitaría una teoría de la
conducta, por eso Homans plantea un modelo para la conducta sub-institucional
que deriva de la economía, según este modelo “la interacción individual consistiría en sanciones y recompensas, y la
respuesta de cada individuo ante el otro es acorde con la retribución que cada
cual recibe. Lo que hacemos, y cuanto hagamos depende de la cantidad y calidad
de la recompensa que obtenemos.” (Alexander, 1990:139). Esta misma
afirmación además conduce a una visión de orden social la cual es dependiente
de las negociaciones colectivas de los individuos. Con esto podemos entender la
presuposición de Homans y de la teoría del intercambio que alude a la acción
como un simple intercambio y a la negociación individual como orden social.
Una tercera corriente crítica, es el
interaccionismo simbólico, la cual presenta una reacción individualista y una orientación
pragmática social. El interaccionismo mantiene una posición individualista
respecto del orden y se encuentra en contraste con los teóricos del conflicto y
los del intercambio, ya que esta nueva teoría propone una acción normativa no
racional. Estos nuevos teóricos argumentan
que “Parsons y los funcionalistas en
general tratan la conducta humana como si fuera el mero producto de factores
que influyen sobre los seres humanos.” (Alexander, 1990:177), Blumer se
refiere a que los funcionalistas no se preocupan del individuo, si no que den
un mayor énfasis a las estructuras sociales, y que estas estructuras influyan
sobre las personas. Los interaccionistas en cambio, toman como aspecto
principal las relaciones entre los sujetos y la comunicación que se da entre
estos, además de la interpretación que los sujetos pueden tener de cada acción
que desarrollen y como estos pueden generar sus propios significados por medio
de una auto-indagación. Blumer sostiene que: “para hallar el significado en una situación, el actor se remite así
mismo. A través de la auto-indagación, el humano constituye un objeto, le da
significado y usa el significado como bases para dirigir sus acciones.” (Alexander,
1990:178), esto da señal que la teoría de Parsons obviaba por completo algunos
aspectos centrales en las estructuras sociales y en su sistema de normas y
valores, ya que no le interesaba la propia información y valoración que podían
hacer los propios sujetos respecto de su actuar en el diario vivir.
Otras corrientes críticas al
funcionalismo parsoniano son la etnometodología y la fenomenología. La
etnometodología tiene una postura normativa e individualista, la cual fue
adoptada del interaccionismo, pero esto no quiere decir que sea similar. La
etnometodología es muy distinta del interaccionismo, ya que posee un
individualismo presuposicional y otro empírico. La etnometodología fue creada
por Garfinkel, quien en sus comienzos fue seguidor de la fenomenología de
Husserl, la cual “exponía que la realidad
estaba estructurada por la percepción” y que “el orden colectivo se construye mediante la intención y las esperanza
individuales” (Alexander, 1990:196). La fenomenología de Husserl toma la
acción y el orden como actos inconscientes de los individuos, lo que difiere
del funcionalismo donde se estipula que ambas acciones están subordinadas a las
normas de las estructurales sociales. Garfinkel con sus posteriores estudios
comienza a tomar en cuenta el problema de individuo, cultura y sociedad que
había creado Parsons. Con esta nueva perspectiva Garfinkel comprende que el
orden esta dado y que es persistente y externo a cualquier acto individual, “comprende que el orden es cultural, esta
internalizado, y por ello descansa sobre los sentimientos e intenciones de los
actores” (Alexander, 1990:204), es decir, el orden proviene de un consenso
social. En la década del 60 Garfinkel entra en un dilema individualista que
llevo a negar el colectivismo funcionalista y crea una teoría antiparsoniana
llamada etnometodología. Garfinkel plantea su etnometodología como una “contra
teoría del orden”, la cual niega que este supuesto orden este estructurado, y
expone que es una construcción de los propios individuos, de la conciencia y de
la cultura. Garfinkel vuelve a tomar parte en la fenomenológica, y toma de
Husserl la experiencia como “habito
personal, que es el sedimento de los actos que una actitud de experiencia
natural cumple en el curso de la vida.” (Salas, 2006:50).
Con toda esta idea de tomar la
conciencia y la experiencia de los individuos, más los aspectos valóricos y
culturales de las estructuras sociales surge una nueva corriente posparsoniana
que “rompe con la orientación
antiparsoniana individualista” (Alexander, 1990:105), la cual se manifiesta
en contra del énfasis que propone Parsons sobre la autonomía de los problemas
sociales y la independencia de la personalidad. Este nuevo paradigma es la
hermenéutica. Esta nueva teoría propuesta por Dilthey posee una perspectiva
anti-instrumental acerca de la acción, la cual considera a este acto como un
proceso creativo y emotivo, dando un enfoque subjetivo a los objetos. Dilthey
expone que “el punto de partida para la
comprensión del concepto de sistema de la vida social lo constituye la riqueza
vital del individuo mismo.” (Salas, 2006:40), esta idea de riqueza vital
hace alusión al sistema cultural que poseen los individuos y el cual les
permite interactuar según sus valores, sus normas y símbolos.
Dilthey critica la postura muy
generalizada que Parsons tiene en su sistema cultural, y añade que la cultura
es el “mapa conceptual” que permite interpretar y comprender los fines de los
individuos. La “sociología cultural” como muchos teóricos han la denominado a
la hermenéutica, centra sus bases en la conciencia histórica de la humanidad,
lo que la atribuye a un conocimiento social presente en los individuos. Dilthey
a dice que “la sociedad actual vive, por
así decirlo sobre estratos y ruinas del pasado,…” (Salas, 2006: 34), esas
ruinas del pasado representan para nosotros “un presente de permanente perduración.” (Alexander, 1990:233). Todo
esto permite aclarar de mejor manera que “la hermenéutica se interesa en la
forma objetiva de la sociedad, no en la mente de la subjetividad del individuo.”
(Alexander, 1990:233).
Todos los paradigmas anteriores
criticaron profundamente la perspectiva funcionalista de Parsons, las cuales se
basaron en errores a los análisis propuestos y a las formas de cómo poder
interpretar la vida social individual-colectiva.
Una última teoría resurge a este
periodo de posguerra, la cual se oriento en una dimensión ideológica y en una
visón radical distinta del provenir social. La nueva propuesta a la que se hace
mención es la “teoría crítica”, la cual posee una orientación marxista basada
en “el conflicto existente entre las
fueras de productivas sociales y las relaciones de producción.” (Salas,
2006:42). La fuerza que llevo al surgimiento del marxismo en los EE.UU. fue una
razón ideológica, ya que para los marxistas “la alineación es un elemento dado en las sociedades capitalistas.”
(Alexander, 1990:268). Parsons argumentaba su teoría social con consensos
liberales, que lo permitieran llevar hacia la comunidad y la integración
social. Los teóricos liberales “creen que
la individualidad puede y debe darse en la sociedad moderna. Y describen la
integridad individual como base del proceso y el orden social.” (Alexander,
2006:268). Los teóricos marxistas en cambio decían que la idea de “estado benefactor”
y lo instrumental de las sociedades capitalistas hacen que los individuos se
encuentren dominados (sometidos), y que
estos solo actúen de acuerdo a la distribución de las fuerzas económicas. Para
Marx las fuerzas económicas a medida que evolucionan entran en conflicto con las
relaciones producción, y esto generaría la lucha de clases. (Alexander,
2006:269).
La ideología marxista tiene 2
aspectos fundamentales en relación al funcionalismo parsoniano, la primera es
que creen en el orden colectivo, pero solo si se logra concebir como un proceso
cultural, y la segunda consiste en introducir el voluntarismo en la teoría original. Esta última
lleva a un conflicto entre dilemas teóricos e ideológicos.
El marxismo durante todo su camino
tubo un cambio teórico que lo llevo a cambiar su visión unidimensional por otra
multidimensional, lo que difiere de la teoría parsoniana que comenzó siendo una
teoría multidimensional y termino tomando rumbos unidimensionales. (Alexander,
1990:294)
Si miramos todos los cambios
paradigmáticos ocurridos posguerra en los Estado Unidos, lo único que se ha
obtenido ha sido aumentar las trabas y las dificultades, las cuales han
impedido la creación de una “sola” y “gran teoría sociológica”.
Muchos de las teorías posparsoniana se
centraron en criticar y desarmar los postulados funcionalistas, sin pensar que
el funcionalismo fue el esqueleto que permitió el desarrollo de muchas de las
corrientes que surgieron en el siglo XX.
Bibliografía:
- Alexander, Jeffrey C. (1990). Las teorías sociológicas desde la segunda guerra mundial. Barcelona, Gedisa.
- Durston, John. (2004) “Desarrollo “local”, Capital Social y Clientelismo” en Vergada, Patricio, y Baer, Heinrich, En la Frontera del Desarrollo Endógeno, Temuco, Universidad de la Frontera e Instituto de Desarrollo regional y Local.
- Mascareño, Aldo. (2004) “Teorías de sistemas de América Latina. Conceptos fundamentales para la descripción de una diferenciación funcional concéntrica”, en Vergada, Patricio, y Baer, Heinrich, En la Frontera del Desarrollo Endógeno, Temuco, Universidad de la Frontera e Instituto de Desarrollo regional y Local.
- Merton, Robert K. (1949). Teoría y estructuras sociales. México, Fondo de Cultura Económica, 1968.
- Parsons, Talcott. (1951). El sistema social. Madrid, Alianza. 1988.
- Runciman, W. (1966). Capítulo VI: “Métodos, Modelos y Teorías”, en Ensayos: Sociología Política, México, Fondo de Cultura Económica. 1963.
- Salas, Ricardo. (2006). Epistemología y pre-comprensión de la experiencia histórica II. Comte, Mill, Dilthey, Marx, Husserl. Breves textos, Santiago, Universidad Católica Silva Henríquez.
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