Los
chilenos estamos viviendo una aparente aporía: queremos que se rompan todos los
“tejados de vidrio” que amparan a algunos y sirven de tope para el
crecimiento de todos, pero no sabemos
cuándo terminará la “quebrazón de vidrios” y cómo al culminar esta quebrazón podremos empezar a construir una
sociedad que nos cobije y aglutine a todos y nos
haga soñar una etapa nueva para el país”
Felipe
Berríos, La Chimba, Antofagasta, Agosto 2020
Introducción
Estamos
en una situación que debe ser descrito como una crisis, como la entendía
Gramsci; un contexto donde lo que tiene
que morir aún no muere y lo que tiene que nacer aún no nace. A nivel mundial,
desde fines de la Guerra Fría, que se viene hablando de un mundo en crisis,
difícil de caracterizar con los conceptos del siglo XX, se ha hablado del fin
de la historia, del choque de civilizaciones,
de sociedades líquidas, de que todo lo sólido
se desvanecía en el aire, la sociedad del riesgo, de mundos unipolares a
multipolares, entre otros. Quizá lo
que caracteriza a
nuestro tiempo es
la condición de
crisis permanente y nuestro
desafío último saber adaptarnos a entornos rápidamente cambiantes.
En nuestro país tenemos altas expectativas debido a que las movilizaciones sociales del año pasado se canalizaron institucionalmente bajo la forma de un cambio constitucional, firmado por una amplia porción de la elite política y aprobado por mayoría por los ciudadanos.
En este momento constitucional y constituyente, entre otras cosas, apunta directamente a lo tratado en esta plancha; derechos y deberes ciudadanos, pero con unos apellidos, Sociedad, la política y el poder.
Lo anterior por que su relación es clave para saber en qué sociedad viviremos y se desenvolverán nuestros hijos, pero también es una pregunta importante como masones ¿cuánto podemos aportar como orden y más específicamente, como masones a este proceso?
No deseo hacer un trabajo que ya fue desarrollado ampliamente en el Convento Masónico llevado a cabo por la Gran Logia de Chile, ni menos hacer una descripción acerca de cada derecho y deber o topar con temas latamente desarrollados como con la ética y los valores, este trazado busca desarrollar los planos donde se desenvuelven los derechos y deberes, que son: sociedad, la política y el poder.
El contexto de producción de los conceptos que articulan este trabajo emerge en la modernidad. Dicho de otro modo, será en el marco de la sociedad industrial capitalista cuando los pensadores sociales, en general, comiencen a expresar desacuerdos y debates en torno a los derechos y deberes ciudadanos, nos lleva a desarrollar temas de sociedad, la política y el poder.
La pluralidad, la disidencia, la sensación de ruptura con el pasado, la conciencia histórica de los sujetos, serán parte constitutiva de lo moderno. A mediados del siglo XIX, la respuesta de Marx a la pregunta sobre esta nueva sociedad se vinculaba estrechamente al capitalismo. La relación social orientada a la generación de ganancia mediante la producción y la extracción de plusvalía. La regla de oro de la nueva sociedad es la ley del capital.
Para Durkheim la nueva sociedad se caracteriza por los individuos diferenciados. La preocupación fundamental de este autor era la posible desintegración o pulverización social y la aparición de individuos desvinculados entre sí.
El autor postula que la integración social ocurre por la diferenciación, es decir, la sociedad es el resultado de la unión orgánica de los seres humanos, que nos obliga a la especialización y desde esa diferencia nos vinculamos estrechando nuestros lazos sociales.
La sociedad moderna estaría integrada por la diferencia: “todos han de ser individuos, pues el conjunto vive ahora de, y gracias a, esa diferenciación” Weber suma un nuevo elemento, “humano no es el que trabaja en grupo (Marx), ni el que se orienta grupalmente (Durkheim), sino aquel que otorga sentido o significado subjetivo a lo que hace o deja de hacer”.
Las nuevas repúblicas, hijas de la ilustración, la revolución francesa y la norteamericana, debían fundarse en el imperio de la ley y el constitucionalismo. Los partidos políticos tendrían que disputar los gobiernos y los cargos de elección popular en el escenario de competencia electoral que daba forma cada vez más definida a la democracia representativa. Tal como expresaba Weber los actores políticos actuarían a través de la racionalización y empujarían posicionar sus intereses en el Estado. La política concebida como la disputa entre diferentes grupos políticos por la construcción de un orden, implicaba la disputa por el poder que se entiende como la capacidad que tiene un grupo o sector político de conducir una sociedad y que sus términos sean reconocidos como los de todos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario