sábado, 6 de octubre de 2012

Claves en la Convivencia Escolar: Aprender a ser, estar y relacionarse.


·        Aprender a ser y estar.

Se refiere a ir avanzando, en el día a día, en la comprensión de uno mismo como ser individual y social. Aprender a reconocerse como diferente, al mismo tiempo que como alguien con algo en común con los otros. Este reconocimiento es muy importante por que de é se derivará el estímulo para realizar el esfuerzo cotidiano y la consideración de que el aprendizaje requiere un esfuerzo.

Solo aprende el que se esfuerza y sólo se esfuerza el que se reconoce a sí mismo con capacidad para aprender. Hay que aprender a ser y sentirse uno mismo como un ser independiente, autónomo, creativo y con proyección de cambio. No obstante, no podemos obviar que no se aprende a ser y estar sin una cierta carga emocional positiva. Ello implica valorarse de forma equilibrada y justa, sabiendo juzgar los propios errores con capacidad crítica. Pero se ha de tener en cuenta que la estimación personal, fuente de sentimientos de bienestar, no nace de la valoración propia, sino que se genera en la valoración de los demás. Precisamente, a hacer esa compleja operación psicológica, de pasar de la valoración externa a la interna, hay que aprender desde pequeños, en esos años en los que uno está, además de con su familia, con maestros y compañeros.[1] (Ortega, 2010).

Entonces si se logra una escuela donde la convivencia se convierta en fuente de afectos positivos mutuos, a la par que en escenarios en donde aprender a resolver de forma pacífica los conflictos, estaremos poniendo las bases para lograr aprender a ser y estar.

·        Aprender a pensar y comprender.


La práctica educativa que, lejos de plantearse un modelo único de pensamiento, debe incluir fórmulas que olviden la libertad y la diversidad del mismo, buscando así la promoción de la construcción de ideas propias basadas en la creatividad. Establecer  una convivencia social en las aulas en las que aflore el gusto por el pensamiento divergente y el diálogo para el análisis de los distintos puntos de vista, lograr hacer de la enseñanza un sistema de comunicación en el que la verdad sea más una verdad descubierta que una razón impuesta, en la que cada niño y niña observe los efectos en los otros, de si propio discurso y sea capaz de reconocer el valor del discurso del otro en la modulación de su propio pensamiento, es lo que la buena convivencia puede aporta al importante objetivo de aprender a pensar y comprender el mundo.

  • Aprender a hacer y sentirse útil.

Quizá por la misma razón histórica que vincula la escuela a la necesidad de un pensamiento objetivo, que ha hecho de ella un lugar para la reflexión y el trabajo intelectual, en al escuela se aprende poco a hacer cosas prácticas, lo que no significa que no sea necesario. A la escuela se va a aprender a hacer, a dominar con la mayoría eficacia las tareas de la vida. Se capaz de ejecutar tareas y actividades útiles, eficaces y satisfactorias es lo que los expertos[2] (Pozo, 1996) llaman un “conocimiento procedimental”, que la escuela nunca debió dejar de desarrollar. Se trata de saber dirigir el sentido de la actividad y la necesidad de la eficacia en las tareas procedimentales. La dimensión práctica hace de los individuos seres útiles a sí mismo y los demás.

Que los resultados de nuestras acciones deriven en la mejora de los procesos, las cosas y el mundo que nos rodea, hará de la convivencia escolar un lugar interesante y quizás estimule; a reducir el aburrimiento que ciertas prácticas educativas rituales y carentes de la iniciativa.


·        Aprender a relacionarse con los demás.


En mundo de los afectos tiene también una trayectoria poco exitosa dentro de la cultura escolar. A la escuela se va, fundamentalmente, a aprender a relacionarse con los demás. Las relaciones interpersonales y las relaciones sociales, en general, se aprenden a base de practicar, día adía, las emociones y los afectos que nos provocan y provocamos a los demás. De comprender y ocultar estas emociones y afectos dependerá no sólo la relación que establezcamos con nosotros mismos, sino también con el mundo en general. Lo que sí hay que tener claro es que el aprendizaje de esta materia cursa con atices emocionales, alegrías y tristezas, satisfacción y frustración, amistad y enemistad, reconocimiento de redes de amigos y conocido, compresión objetivo sobre cómo son las estructuras sociales de la sociedad en general, la economía y la política que nos gobierna.[3] (Ortega, Del rey, Fernández, 2003).

La escuela tiene que aprender a trabajar con estas dimensiones humanas si quiere servir de ámbito de aprendizaje social, es más, sin lograr buenos resultados en estos dominios la escuela no estará cumpliendo con su finalidad educativa.

j)        La convivencia como escenario real y simbólico


Tomando como referencia los planteamientos presentados, abordamos ahora el tema de la convivencia en su propia y diferencial definición, concibiendo la escuela como institución concreta y universal, cuya misión es educar, instruir, socializar y formar al individuo para que su aprendizaje y desarrollo lo conviertan en un ser que perciba su personalidad y sus actos con la proyección social que tiene y con la dimensión ética que la sociedad busca para sus ciudadanos y ciudadanas.

La educación, que requiere un detallado y complejo proceso instruccional, solo puede realizarse bajo un entramado de redes sociales tejido por las relaciones entre las personas que son relevantes en el proceso formativo. Una red social de relaciones interpersonales, que no pueden vivir más que en un clima de convivencia pacífica, positiva y democrática, que haga de la actividad conjunta y el diálogo instrumentos de aprendizaje y desarrollo[4] (Ortega,2002,2005).

Se ha determinado a la convivencia como la “acción de vivir con otros compartiendo actividad y diálogo, bajo el entramado de normas y convenciones de respeto mutuo, compresión y reciprocidad ética”[5] (Ortega y Marín, 2003) y a la convivencia escolar como el ecosistema humano que permite la actividad educativa cuando la red de relaciones interpersonales se pone al servicio del aprendizaje y el desarrollo de todos los integrantes de esa comunidad.

La convivencia nace como una noción con existencia propia que alude al proceso explícito e implícito que garantiza el bien común y la vida en democracia dentro de la escuela como elementos básicos sobre los que se realiza la enseñanza y el aprendizaje. El lado más explícito está relacionado con la calidad de las relaciones interpersonales que se establecen en el centro escolar y la propia gestión de las normas que rigen la vida en convivencia; un proceso que sólo tendrá éxito si todos los implicados en la comunidad educativa participan de este proyecto común. La parte implícita está determinada por los aspectos de carácter psicológico, los cuales abarcan tres ámbitos básicos; aprender a conocerse y valorarse a uno mismo, alcanzando un grado suficiente de autoestima; aprender a ponerse en el lugar del otro, comprendiendo su punto de vista y saber relacionarse con los demás de manera efectiva, manteniendo interacciones positivas basadas en la solidaridad, la tolerancia, y el respeto mutuo[6](Ortega, Del rey, Fernández, 2003).

La convivencia se equipara con la calidad de las relaciones interpersonales y con la forma de modularlas, condicionando así la aparición de un estructura social de participación que va a influir, de manera decisiva, en el desarrollo de la personas que comparten vivencias dentro de la escuela.[7]

La convivencia escolar surge así como un constructo de connotación positiva, de naciente trayectoria, no obstante, el hecho de que sea reconocido como un término de carácter positivo no significa que no se deba prestar atención a los problemas que la enturbian y obstaculizan, tales como los conflictos resueltos de manera violenta, el abuso de poder, la intimidación o la exclusión social.[8] (Blaya, Debarbieux, Del Rey, Ortega, 2006).



[1] Ortega, Rosario; Construir la Convivencia Escolar, 2010.
[2] Pozo J.I ; Aprendices y Maestros. 1996. Madrid; Alianza.
[3] Ortega, R , Del Rey, R, R,. Fernádez: Working together to prevent school violence: the Spanish response..2003.Londres: Routledge.
[4] Ortega, R ; Lo mejor y lo peor de las redes de igualdades; juego, conflicto y violencia. Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado.2002.
[5] Ortega, R; Martín, O; Convivencia, A positive answer to prevent school violence though training for citicenship. Oxford_kobe Seminar: Measures to reduce bullying in school, 2003. KOBE- Japon.
[6] Ortega, R , Del Rey, R, R,. Fernádez: Working together to prevent school violence: the Spanish response..2003.Londres: Routledge.
[7] Ibídem.
[8] Blaya, C; Debarbieux, E; Del Rey, R y Ortega,R; Clima y violencia escolar. Un estudio comparativo entre España y Francia. Revista de Educación, 339,293,325. 2006.

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